Tiempo de lectura: 10 minUn jesuita que medita desde hace 35 años responde
«Practicar yoga es satánico, conduce al mal como leer Harry Potter. […] En Harry Potter, el diablo actúa de manera astuta y encubierta, bajo la apariencia de poderes extraordinarios, hechizos y maldiciones». Gabriele Amorth, exorcista de la Diócesis de Roma, 2011
Diez años después, el papa Francisco dijo en una audiencia general que meditar es una necesidad de todos. Entre una frase y otra cabe la historia de cómo la Iglesia ha mirado el cuerpo, el silencio y las prácticas que llegaron de Oriente.
Durante generaciones nos dijeron que el yoga era peligroso, que el tarot y la astrología eran cosa del diablo y que el purgatorio esperaba a casi todos. El Padre Jorge Julio Mejía es jesuita, vive en Bogotá y medita una hora diaria desde hace 35 años. Sus respuestas a esos miedos sorprenden.
Su mirada se apoya en el Concilio Vaticano II, la renovación que la propia Iglesia emprendió en los años sesenta.
Hablamos de yoga, el tarot, la astrología y la meditación dentro de la Iglesia, del miedo como forma de educar, de lo que pasa después de la muerte y de por qué, según él, la buena gente anda escasa.
Quién es el Padre Jorge Julio
Nicolás: Jorge, ¿quién eres?
Padre Jorge Julio: Soy jesuita desde hace tantos años que mejor ni hacemos la cuenta. Estudié teología práctica en París y trabajé 28 años en el CINEP, el centro de educación popular de los jesuitas en Colombia.
Lo de la vida interior empezó casi por accidente: en 1991 me pidieron un retiro no religioso para unos alumnos de prepa y lo armé con una amiga profesora de yoga. Funcionó tan bien que lo pidieron también los profesores y los papás, y de ahí nació una comunidad. Hoy somos unas 600 personas y acostumbro mandarles un mensaje corto para mantener la cabeza libre de cucarachas.
Nos llamamos Laberinto por el que está trazado desde el siglo XIII en el piso de la catedral de Chartres, donde los cristianos peregrinaban sin salir de la iglesia. Un amigo lo dibujó en su azotea en Villa de Leyva y allá vamos a caminarlo. Para nosotros es un mapa para ir hacia adentro.
Miedo 1: «Si no cumples, te vas al infierno»
Nicolás: ¿Qué es para ti el camino interior?
Padre Jorge Julio: Aprendí a meditar en París con el padre Marco Vinicio Rueda, que venía de estar con Karlfried Graf Dürckheim, un católico alemán que trajo el zen a Occidente tras nueve años en Japón. Su idea era sencilla: en Occidente vivimos la fe en la cabeza, y hace falta vivirla desde el corazón.
Jesús lo explica con la vid y los sarmientos: él es el tronco, nosotros las ramas, y la savia que nos recorre es el amor. Si nos habló de una planta, el verbo es cultivar. Eso lo cambia todo, porque la Iglesia nos mantuvo cumpliendo los mandamientos a punta de miedo al infierno, una idea que rompe con la bondad de Dios.
En los retiros, lo primero es conócete y sé tú mismo. A mí me insistían en ser un buen jesuita, pero nadie me dijo cómo ser yo. Cuando sabes quién eres, actúas por amor y el miedo sobra.
Miedo 2: «El yoga y la meditación son cosa del diablo»
Nicolás: Por años la Iglesia vio el yoga y la meditación con desconfianza. ¿Cómo los vives tú siendo jesuita?
Padre Jorge Julio: Casi todos los que los critican nunca se han asomado a ellos. Les pregunto quién fue Buda o cuándo nace el zen, y no saben. Un día el párroco les dijo que eso era diabólico, y resulta que el diablo andaba por todos lados.
El hombre que trajo la meditación zen a Occidente era católico, filósofo y cercano a la psicología de Jung. Jung defendía, frente a Freud, que la experiencia espiritual puede enriquecer y sanar nuestro psiquismo.
Yo medito zen una hora diaria desde hace 35 años y los resultados son innegables. Es silencio, quietud y respiración: al exhalar salgo de mí hacia Dios, al inhalar recibo su aire renovado. Dios está dentro y en el fondo.
El Concilio Vaticano II, en el documento Nostra Aetate, reconoció lo verdadero y lo santo que hay en otras religiones. Antes se repetía que fuera de la Iglesia no había salvación.
Miedo 3: «El cuerpo es enemigo del alma»
Padre Jorge Julio: Nos enseñaron que los enemigos del alma eran el mundo, el demonio y la carne, y la carne es el cuerpo. Nos tocaba a todos dormir con el enemigo. Muchas vidas de santos son historias de penitencias crueles contra su propio cuerpo.
Hasta la Salve dice que somos desterrados hijos de Eva en un valle de lágrimas. El Vaticano II cambió el tono: la Iglesia pasó de llamarse madre y maestra de la humanidad a decirse su servidora.
Antes la imagen de la Iglesia era un triángulo, con la autoridad arriba y los súbditos abajo. Después del Concilio es un círculo donde todos, incluido el Papa, estamos al mismo nivel. Los papas entraban a la basílica cargados en la silla gestatoria y con la tiara de las tres coronas; Francisco salió a la ventana sin ninguno de esos ornamentos. Al bajar a una vida más simple empezamos a ver dimensiones que nunca habían estado incorporadas, y el cuerpo era una de ellas.
Dios fuera del templo
Esta conversación deja una pregunta abierta: si el cuerpo es parte de lo sagrado, ¿dónde más podemos encontrar a Dios? La propia tradición cristiana tiene respuestas que pocas veces se cuentan.
El laberinto de Chartres nació como una peregrinación hecha con los pies, y el Camino de Santiago lleva siglos convirtiendo la caminata en oración. Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas, invitaba a «encontrar a Dios en todas las cosas». Francisco de Asís le cantó al sol, al agua y a la tierra en su Cántico de las criaturas, y en 2015 el papa Francisco dedicó la encíclica Laudato si' al cuidado de la creación.
La meditación que Jorge practica cada mañana, con el cuerpo quieto y la respiración profunda, apunta al mismo lugar: Dios habita dentro y en el fondo, y también en el paisaje que nos hace detenernos a respirar. Una caminata por el bosque, una clase de yoga o un rato de silencio frente al mar pueden ser formas de oración tan legítimas como las que ocurren dentro de un templo.
Miedo 4: «El tarot y la astrología son pecado»
Nicolás: Hoy el tarot, las cartas de ángeles y la astrología, y se critican mucho. Si una carta me hace reflexionar y ser mejor persona, yo no le veo el mal. ¿Qué opinas?
Padre Jorge Julio: La catedral de Chartres tiene desde la Edad Media un vitral con todos los signos del zodiaco, y ningún párroco lo ha mandado quitar. ¿Por qué la energía de los astros no podría influir en mí, si la luna llena influye en todo lo vivo?
Muchas cartas tienen un efecto final inspirador. El cuidado está en quien las lee como si tu destino ya estuviera escrito. Una buena lectura te avisa que en un tramo el camino se estrecha y hay que caminarlo con cuidado, y te recuerda que la vida tiene subidas y bajadas.
Bien usadas, estas herramientas ayudan a desarrollar tu potencial de humanidad, lo que veo es un pensamiento muy corto que le da al demonio un papel enorme.
Miedo 5: «El placer es pecado»
Nicolás: Dijiste que la buena gente anda escasa. ¿Por qué?
Padre Jorge Julio: Nos enseñaron los siete pecados capitales, pero las necesidades capitales son mil veces más importantes. Comer, por ejemplo: el gusto lo vuelve placentero y el alma te pide orden. Come rico y cuídate.
Con la sexualidad la Iglesia ha estado encartada desde siempre. Verse desnudos era pecado y las relaciones solo eran para tener hijos; yo tuve una tía con doce. Después del Vaticano II se reconoce que el placer en la pareja es parte del vínculo amoroso.
El daño está en el desorden: buscar el cuerpo del otro solo para satisfacerme, y de ahí nacen negocios terribles como la trata y la pornografía. Con la plata y el poder pasa igual: cuando se desordenan, dañan el interior de la persona y la vuelven insensible ante quien tiene necesidades.
A unos muchachos de la Javeriana les dije que cuando le dicen a una compañera te quiero, muchas veces quieren decir te deseo, y se la comen como quien se come una colombina: terminado el dulce, botan el palo. El cuerpo tiene que aprender a hacer un vínculo amoroso con el cuerpo del otro, y eso no se enseña en ningún lado.
El desorden se ve también en la vivienda social, sin belleza ni comodidad, donde para meter la cama toca tirarse en plancha. Y en la soberbia de quien llega diciendo usted no sabe quién soy yo, abran campo que aquí voy yo.
Miedo 6: «Después de la muerte te espera un juicio»
Nicolás: El miedo sigue muy presente en el duelo, cuando se habla del infierno y del purgatorio.
Padre Jorge Julio: He acompañado a muchas personas mayores antes de morir, y la mayoría están muertas del miedo. Creen que Dios las va a sentar en el banquillo de los acusados. Cuando entienden que solo las espera amor y misericordia, se les cambia la carita y mueren serenas.
Al purgatorio yo lo llamo aulas remediales. Llegas al cielo, te reciben con una fiesta y luego Jesús abre tu libreta de notas. ¿Sacaste mala nota en felicidad? Vas al aula de Felicidad para aprender a disfrutar el cielo.
Y el cielo tampoco es pasarse la eternidad con un arpa, cantando o postrado frente a un trono. Eso sería muy aburrido. San Pablo dijo que ni el ojo vio ni el oído oyó lo que Dios nos tiene preparado, y yo siempre le digo que se le olvidaron tres sentidos.
Una madre del Huila vino a verme destrozada: en la misa de su hijo, que se había quitado la vida, el sacerdote dijo que ya estaba en el infierno. Le dije que ese señor se equivocó por completo. Dios sabe que su hijo venía de un infierno, y hay un aula llamada Sentido de la vida que lo está esperando.
Arrepiéntete, sí, pero sin tirarte al suelo. Vives en un océano de amor y de sabiduría.
Lo que queda cuando se va el miedo: amar y servir
Nicolás: Vivimos en automático. ¿Qué le dirías a alguien que vive así?
Padre Jorge Julio: Que la virtud fundamental es el amor, y su hermano gemelo es el servicio: amar y servir. En la parábola del buen samaritano, los religiosos dan un rodeo y quien se detiene a ayudar es el extranjero.
Cuando Jesús describe el juicio final, todas las preguntas del examen son sobre si estuviste presente en las necesidades de tus hermanos. Ser buena gente es tener la sensibilidad y la voluntad de servir.
Nicolás: Y el servicio va mucho más allá del diezmo. También es crear espacios para que la gente se reconecte, ayudar a quien tienes cerca, dar un buen consejo.
Padre Jorge Julio: Así es. El servicio se vive en la medida en que tienes una sensibilidad clara hacia el otro.
Jorge habla de un puñado de semillas guardado en el bolsillo: un potencial que solo da cosecha si se siembra. La investigación apunta en la misma dirección. La fe vivida desde el castigo y la culpa se asocia con peor salud mental, y la fe vivida desde el apoyo y el sentido, con mejor salud mental (Pargament et al., 1998). ¿Qué creencia heredada podrías revisar hoy para cultivar las tuyas?