Viktor Frankl en 3 ideas: por qué el propósito no es un lujo
Viktor Frankl sobrevivió a los campos de concentración; perdió a su familia. Pero nadie pudo quitarle su capacidad de encontrar sentido en lo que le estaba pasando.
Eso documentó en El hombre en busca de sentido, que nos invita a preguntarnos: ¿qué estás haciendo con el hecho de estar vivo?
Todos medimos desde vivencias distintas y no hay una escala universal para el sufrimiento. Sin ánimo de minimizar la tuya, yo empecé a cuestionarme lo mismo en 2021, cuando me diagnosticaron cáncer.
1. El propósito es una necesidad de supervivencia.
Frankl observó algo que los médicos del campo no tenían cómo medir: los prisioneros que sobrevivían más tiempo eran los que tenían una razón para seguir (familia, un proyecto pendiente, una promesa que cumplir…)
La logoterapia que construyó desde ahí lo resume en una sola frase: "quien tiene un para qué vivir puede soportar casi cualquier cómo."
Cuando el cáncer entró en mi vida, el cómo se volvió insoportable de golpe: tratamientos, incertidumbre, efectos secundarios que nadie te advierte del todo. Lo que me sostuvo fue tener claro para qué quería salir de eso.
2. El sufrimiento tiene sentido. Usarlo es una elección.
Frankl fue preciso: cómo respondemos al sufrimiento es la última libertad que nadie puede quitarnos.
"Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestra libertad." (autor desconocido, atribuido a Nietzsche, popularizada por Frankl)
Esa frase viene de alguien que vio morir a las personas que amaba y eligió, de todas formas, no perder su dignidad.
El mundo corporativo tiene su propio lenguaje para ignorar esto: resiliencia, agilidad, gestión del cambio; palabras que suenan a herramienta y evitan la pregunta real.
¿Qué estás haciendo con lo que te está pasando?
Más allá del deber ser, del manual y lo que el mundo espera, es lo que tú, con tu historia y tus heridas, estás eligiendo hacer.
3. Una vida con sentido se construye.
Frankl identificó tres caminos para encontrar propósito: crear algo, experimentar algo o amar a alguien, y la actitud que tomamos frente al sufrimiento inevitable.
Ninguno de los tres requiere un cargo especial, ninguno requiere haber llegado a cierto nivel, y ninguno espera a que las circunstancias sean las correctas.
El propósito es una dirección, no un destino.
De la pregunta que enfrentarme a la muerte me obligó a hacerme, descubrí que muy poca gente se hace antes de que algo la obligue (una crisis, enfermedad, divorcio, despido).
Creo que no hace falta una crisis para empezar, pero sí hace falta honestidad y aprender a identificar el modo automático. De ahí nace mi interés por crear conciencia al respecto, mi propósito.
¿Cuál es tu para qué? ¿Lo tienes claro o estás esperando el momento correcto para preguntárselo?
Frankl, V. E. (1946). El hombre en busca de sentido. Herder Editorial.